dilluns, de maig 11, 2009

J. S. MILL

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John Stuart Mill (1806-1873), filósofo, administrador y economista inglés, nació en Londres Inglaterra, siendo uno de los principales representantes del neoempirismo inglés del siglo XIX y el más influyente filósofo de habla inglesa en ese mismo siglo. Ha sido John Stuart Mill considerado por la posteridad como uno de los más profundos y eficaces voceros liberales, del hombre y la sociedad.
Su padre, James Mill[1], le dio una rigurosa y rígida educación basada en los principios del utilitarismo y del radicalismo filosófico de Bentham. Tan fue cierto, que a la edad de tres años empezó a aprender griego; a los siete años John Stuart Mill había leído casi todos los diálogos de Platón. Al año siguiente empezó el estudio del latín, y para entonces ya había digerido a Herodoto, Jenofonte, Diógenes Laertius y, en parte a Luciano. Entre los ocho y los doce años llevó a cabo el estudio de Virgilio, Horacio, Livio, Salustio, Ovidio, Terencio, Lucrecio, Aristóteles, Sócrates y Aristófanes; dominaba la geometría, el álgebra y el cálculo diferencial; había escrito una historia de Roma, un epítome de historia universal antigua, una historia de Holanda, y algunas poesías.
Teniendo doce años, se puso John Stuart Mill a estudiar lógica y las obras de Hobbes. A los trece estudió a fondo todo lo que había que estudiar en el campo de la economía política. Fue una educación extraordinaria, y comparada con las normas que hoy rigen, horrenda. No tuvo vacaciones (cuestión de disciplina imagino) y no tuvo amigos de adolescencia. Lo raro no sería que produjese grandes obras, sino que no se hubiese destruido por completo su personalidad al hacer contacto con el mundo “normal”.[2]
La más inmediata consecuencia de esta educación fue la famosa crisis espiritual (o abatimiento nervioso) descrita en su Autobiografía.
De ella se salvó en parte mediante la lectura de los poetas líricos y cierta rebelión contra los principios más estrechos del utilitarismo[3].
Más tarde, una nueva crisis emotiva sobrevino en su vida: su amistad y luego su amor por Harriet Taylor[4], para casarse con la cual aguardó veintiún años, durante los cuales sufrió todos los prejuicios de la sociedad victoriana de su tiempo[5]. Las dos crisis no son ajenas al desarrollo de su filosofía.
En particular la última puede explicar la vehemencia del filósofo (expresada siempre con correcta frialdad) contra el imperio de las conveniencias sociales sobre las individuales.
En 1857 John Stuart Mill hizo una enérgica defensa de la “East India Company” en el parlamento para que renovaran los estatutos de la misma; al no concedérsele su alegato, se jubila y rechaza una oferta para trabajar con el gobierno británico en los asuntos de la India.
En 1865 ingresa al parlamento como miembro independiente por Westminster, donde permaneció hasta 1868. Luego pasó su tiempo alterntivamente entre Londres y Aviñón, admirado y solicitado por muchos, accesible para pocos. John Stuart Mill Vivió hasta 1873, venerado y casi convertido en un objeto de culto[6]. Se le perdonaron sus suaves inclinaciones socialistas, en compensación al gran panorama de esperanza que había descubierto. En fin de cuentas lo que Mill propugnaba era algo aceptable: el impuesto sobre las rentas, los impuestos sobre las herencias y la formación de las cooperativas de trabajadores. Jamás fue John Stuart Mill optimista encuanto a las posibilidades de los sindicatos.


Desde el punto de vista más estrictamente filosófico, John Stuart Mill prosiguió la tarea de la fundamentación de las ciencias iniciada por sus antecesores de la escuela, pero con mayor amplitud de miras y a base de más amplias informaciones.
Coincidiendo con Comte en la posición antimetafísica, pero discrepando de él en diversos puntos capitales, particularmente en los problemas del método y en el reconocimiento de la psicología como ciencia efectiva, J. S. Mill aplicó ante todo sus reflexiones a la lógica, entendida como ciencia de la prueba, y a la psicología, considerada como parte esencial de las ciencias morales. La psicología de J. S. Mill es de carácter netamente asociacionista; siguiendo las tendencias iniciadas por Hartley y Priestley y consecuentemente desarrolladas por el utilitarismo, Mill concibe los hechos psíquicos como estados elementales a cuya unión se otorga un carácter substancial, sin que sea lícito, por otro lado, averiguar el fundamento de semejante substancia, pues el psicólogo debe atenerse pura y exclusivamente a las relaciones entre estados mentales elementales y a la formulación de las leyes correspondientes. Pero los hechos mentales son, en última instancia, el producto de las impresiones proporcionadas por la experiencia.
Toda ciencia que no se funde en esta experiencia, todo saber que pretenda averiguar algo más que las relaciones dadas en la experiencia, es fundamentalmente falso. Esta vinculación a la experiencia es propia no sólo de las ciencias físicas y morales, sino también de las ciencias matemáticas.

En el Sistema de lógica raciocinadora e inductiva (1843), obra que le dio una rápida y sólida fama, sostiene la tesis de que el empirismo y una filosofía basada en la experiencia obtienen mejores resultados, en orden a mejorar la sociedad, que cualquier otra. Frente a la teoría de la deducción clásica, basada en el silogismo, cuyo carácter de razonamiento circular ataca, sostiene que todo conocimiento llega por la experiencia, construye su propia teoría de la inducción, conocida como métodos o cánones de Mill y defiende la razonabilidad de la creencia en el principio de la uniformidad de la naturaleza. Distingue, además, entre leyes de la naturaleza, esto es, leyes causales, y meras leyes empíricas, que son generalizaciones de la experiencia.En su tratado de lógica argumenta que la vida humana y social tampoco debería quedar excluida de los planteamientos científicos empíricos; aboga por la existencia de una nueva ciencia, que debería llamarse etología, y cuyo objeto habrían de ser las leyes de la sociedad. Y, adoptando la perspectiva de la ley de los tres estados de Comte, considera el estado actual como el estado especulativo de la humanidad, del que ha de surgir un conocimiento científico de la realidad social.

El conocimiento científico de las leyes empíricas que determinan la realidad humana y social es totalmente compatible con la intervención del hombre en los asuntos sociales y políticos y con la afirmación decidida de la libertad humana individual. En Los principios de la economía política (1848), hace de la distribución de la riqueza el problema fundamental de la economía política, y en Consideraciones sobre el gobierno representativo (1861), señala la característica esencial de la democracia, que es ser suficientemente representativa de las minorías; sólo así es mejor que cualquier gobierno monárquico o aristocrático. En Sobre la servidumbre de las mujeres (1869), destaca que uno de los fallos de representatividad está en no reconocer el derecho de voto a las mujeres; tesis sumamente bien recibida por las sufragistas de final de siglo. Sobre la libertad (1859) es otra de sus grandes obras, comparable a Sistema de lógica. La libertad de la que se ocupa es la libertad del individuo en sociedad, la de acción, que se exterioriza en libertad de pensamiento, expresión, asociación y el ejercicio de los demás derechos civiles, pero no aquella que supone defensa y protección del individuo frente a los abusos u opresión del poder -que se supone que ya ha de estar defendida en un estado democrático-, sino la que ahoga la «tiranía de la mayoría», o de la masa, o de la opinión dominante.

La cohesión moral que necesita una sociedad ha de provenir de la ética. La que propone Mill, en Utilitarismo (1863), es la ética del principio utilitarista, según el cual la bondad de una acción corresponde a la mayor cantidad de felicidad del mayor número posible de personas, y donde «felicidad» es presencia de placer y ausencia de dolor. A las ideas de Bentham al respecto, añade Mill la de la cualidad del placer. Al egoísmo ético que supone el principio utilitarista, contrapone Mill, como contrapeso, la reflexión de que no hay felicidad propia sin la percepción de la felicidad de los demás. Representa esto la aportación del altruismo de Comte al principio utilitarista.
El empirismo epistemológico de Mill procede de Hume y de Berkeley; es fenomenista, por tanto. El conocimiento del hombre alcanza sólo los fenómenos. En este contexto, causa (que indaga justamente con sus «cánones» inductivos) es el «antecedente, o concurrencia de antecedentes, del que depende invariable e incondicionadamente el consecuente». De parecida manera, define la materia como «posibilidad permanente de sensación».
[1] Y no olvidemos que su progenitora se llamaba Harriet Burrow.
[2] En el año de 1823 (teniendo 16 años) obtiene trabajo en la “East India Company”, donde su padre era un alto funcionario. Trabajó allí hasta 1858.
[3] Aquel mundo delicado, seco e intelectual, de trabajo y de esfuerzo, en que se había nutrido, se hizo pronto estéril e insatisfactorio, y mientras otros jóvenes tenían que descubrir que en la actividad intelectual podía haber belleza, Mill hubo de descubrir que podía existir belleza en la belleza. Cayó en un acceso de melancolía; leyó a Goethe, después a Wordsworth, luego a Saint-Simon; es decir a escritores que hablaban del corazón con la misma seriedad con que su padre hablaba del cerebro.
[4] Una mujer en ese instante casada y con varios niños. Y se enamoraron, durando veinte años intercambio correspondencia, viajaron juntos dentro de una “perfecta pureza”. El marido de aquella falleció en 1849 y tres años más tarde se casaron.
[5] Fue una pareja superlativa. Harriet Taylor (y su tardía hija Helen) hizo culminar en Mill el despertar emocional que tan tardío se había manifestado; abrió los ojos de Mill a los derechos de la mujer y, lo que es todavía más importante, a los derechos humanos.
Era uno de los temas de interés de Mill, su esposa (hacia la que sentá una devoción rayana en la ceguera) y la búsqueda del saber.
Estando de gira por Francia el señor John Stuart Mill y su familia, fallece Harriet cerca de Avignon. Mill compró una casa cercana para no estar de la tumba de su amada.
[6] Ese año una breve enfermedad lo acongojó y se lo llevó a la tumba. Estuvo asistido todo el tiempo por su hija Helen

comentari de text 1 (tercer trimestre)

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Idees principals:
Aquest text ha estat escrit per Immanuel Kant. Tracta sobre la dignitat i el que no té dignitat, explica que en la nostra felicitat com a fi tot el que no té dignitat, té un preu. Tot el que les persones volem per satisfer les nostres necessitats, tant les primàries com les secundaries, si no tenen dignitat, tot és pot comprar. També explica com a conclusió que la moralitat i la humanitat son els únics que tenen dignitat.

posa títol: preu o dignitat

El text es centra en la consciència moral i d’imperatiu categòric, els imperatius que proposava Kant, que es basaven en unes ordres morals com en el text la dignitat i per això no té preu, a diferencia entre els cínics que consideren que la felicitat consisteix en la llibertat radical de l’individu davant les normes i les institucions socials o els estoics que creuen que és savi el que viu segons la natura i per això s’interessen per l’ordre dels cosmos i per aquest sabem com ens hi hem de comportar, o els hedanistes que consideren que hi ha de moral perquè els homes busquen els plaer i fugen del dolor i pensen que la intel·ligència serveix per calcular els mitjans més adequats per aconseguir el màxim plaer possible.

ES MILLOR SER UN ÈSSER HUMÀ INSATISFET QUE UN PORC SATISFET

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Aquesta frase és de J. S. Mill, que defensa l’ultraisme, i rebutja que tots els plaers tenen la mateixa mesura i que tots els plaers són iguals en qualitat.

Jo crec també que la felicitat com a plaer és pot mesurar i, per tant, què hi ha plaers superiors i plaers inferiors. Per a mi aquesta frase queda afirmada rotundament, ja que per a mi no és el mateix menjar, que veure una bona pel•lícula amb els meus amics, tot i que sinó menjo m’acabaré morint, però com és una acció que la fàs cada dia no té tant valor i per tant no em produirà tanta satisfacció i no la valoro lo sufucient.
En el que no estic d’acord és perquè un plaer sigui més simple ha de ser menys elevat perquè segurament un plaer simple moltes vegades és molt més elevat. Per a mi aquesta frase queda afirmada ja que tot el que pot tenir un porc satisfet, el pot tenir un humà insatisfet, ja què aspira a metes molt més altes.

ningú fà el mal sabent què ho fà?

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Jo crec que, desgraciadament, aquesta afirmació és incorrecte, i per a mi és tendría que afirmar amb un si rotund. Aquest fet el dictamina la consiència moral de cada persona i crec que no hi ha cap personana que no sapiga mínimament distingir entre el que és el bé i el que és el mal, escepte persones discapacitades i infants que són éssers amoral.
Moltes vegades sense volguer si que fem accions que donden suport a aquesta afirmació, però desgraciadament no sempre és així, i moltes vegades fem accions per ferir algú i per donar-nos satisfacció a nosaltres mateixos, i quan penses realment en aquestes accions és molt trist perquè mai ningú deuría de estar satisfet amb els mals dels altres. Però això depén molt de la consiencia de les persones.
Per millorar el que tindriem que fer és, no jutjar els actes de les demés persones sinó els teus i així mica en mica podríem fer un món millor.

dimecres, de març 04, 2009

definicions

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Temperament: conjunt de sentiments i passions que resulten difícils de modificar.

Hàbit: repetició d’actes en una mateixa direcció que ens predisposen a obrar.

Virtut: hàbit que ens predisposem a obrar bé.
Consciència moral: és la capacitat de distingir entre el que és bo i el que és dolent.

Llibertat interna: és l’absència de cohesió interna que et permet decidic sobre les decisions que t’afecten.

Condicionament: l’home no té absoluta i total llibertat, però si la suficient per ser responsable dels seus actes.

Destí: llei segons la que diu que tot està escrit.

Determinisme econòmic: L’home està determinat per la infraestructura econòmica.

Determinisme genètic: estem influenciats pel gens.

Ús regulatiu: Kant va proposar que tot fenomen es pot investigar com si tingués una causa, això no vol dir que la tingui. Només opta per aquest perquè a l’hora que es realitza la investigació no es renuncia a la llibertat.

Autonomia moral: afirma que el subjecte dóna a si mateix la seva pròpia llei.

Nivell preconvencional: es el nivell en el qual s’actuen i es creu just allò que s’atisfà les meves necessitats. Per tant són persones immadures que actuen per impulsos nerviosos i que són totalment heterònoms.

Nivell postconvencional: nivells de consciència moral en el que la persona distingeix entre les normes de la societat i els principis morals universals. Consciència per damunt de la llei.

Responsabilitat moral: ha d’assumir la reparació dels danys fixat per les lleis.

Principi de responsabilitat: és el principi imperatiu ecològic, obrar de tal manera que respectem el teu entorn per afavorir una vida saludable a la Terra, per això és important que actuem com a cooresponsables.

LIBERTAD (JULIETA VENEGAS)

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He estado escuchando hoy
sin realmente escuchar
más bien solo pensando hasta donde llega
lo que llamamos libertad

Si es andar saltando de una estrella a otra
o es nadar al río y llegar hasta el mar
¿hasta dónde llega lo que llamamos libertad?


Hacer lo que en verdad sentimos
y sentir lo que hablamos
rendirá nuestras almas su propia
y justa y libre libertad, libertad

Más bien solo pensando
hasta donde llega lo que llamamos libertad
he estado escuchando hoy,
he estado escuchando hoy
he estado escuchando hoy,
he estado escuchando hoy.

ARGUMENTS AFAVOR I EN CONTRA DE LA LLIBERTAT

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Raons a favor:
-hi ha una millora en les relacions amb els altres, per tant afavoreix el diàleg
-tens suficients poders per decidir el que vols
-Tambè suficients poders per manifestarnos i dir les coses que no ens semblen bè
-Escullir el nostre camí a la vida
-podem defensar allò que creiem correcte

Raons en contra:
-l’exes de llibertat pot afectar als demés
-La llibertat col•lectiva suprimeix la llibertat individual.
-ningú és responsable de les seves accions
-No som responsables de les nostres accions